Te deja con la piel en carne viva y dolorida. NO HACE NADA por la fiebre.
Ya en los años 1700 y antes, se pensaba que ayudaba a eliminar la fiebre porque a menudo la piel se enrojecía como la piel febril. Pero eso fue en la época en que pensaron que el mercurio curaría cualquier cosa, dieron sales de plomo a los niños que estaban saliendo a la dentición, y ese asqueroso orord causó disentería.